El último lance

Francisco Raigón Cabello, matador de toros montillano, ha fallecido recientemente en la localidad barcelonesa de Prat de Llobregat. Paco Raigón ha dado su último lance a la vida y lo ha hecho en silencio, con la modestia que siempre ha caracterizado a este torero fulgurante y efímero que conoció, en un periodo de pocos años, la miel del triunfo y la hiel del olvido.



Su última faena ha sido contra el toro asesino de la enfermedad contra la que ha luchado durante años. Ahora, Paco Raigón es sólo un recuerdo, en blanco y negro, en la mente de unos pocos, una sombra del fenómeno social que arrastró consigo a cientos de montillanos, la mejor afición que puede soñar un torero, que le acompañó y le respaldó en todo momento.

Sus incondicionales han subrayado siempre el arte indiscutible de su toreo, en aquella década de los 60 en la que llegó a codearse con Manuel Benítez El Cordobés, Zurito, Palmeño, El Puri, José María Montilla y otras figuras del momento.

Sin embargo, la suerte nunca estuvo de su parte. Ni siquiera el día de su alternativa, cuando el toro le impidió recibir los trastos del doctorado taurino al cornearle en los primeros lances con el capote. Unos meses más tarde, pudo consumar su condición de matador con Pretendido , un negro zaíno de los hermanos Cembrano al que cortó uno de sus apéndices. Inexplicablemente, a partir de entonces, cuando más se esperaba de él, su carrera quedó truncada. Paco Raigón, el sueño de la afición montillana, volvió a ser Francisco Raigón, un empleado de imprenta.



Aunque regresó a Montilla para recibir el homenaje del Ayuntamiento y de los aficionados, su muerte hubiera pasado desapercibida de no ser por Tomás Ponferrada Gómez, un entendido en tauromaquia que le ha dedicado una esquela al que fuera matador y amigo personal.

José María Luque
Diario Córdoba